EDIFICANDO CAMINOS

29.01.2019

Tod@s en mayor o menor medida tenemos una implicación del tipo que sea en la Sociedad; bien estudiando (contribuimos a formarnos, generando unos conocimientos y destrezas que aplicamos en nuestra vida), bien trabajando (producimos bienes y servicios necesarios para la Sociedad), bien realizando labores domésticas (mantenemos la confortabilidad en los hogares), bien participando en alguna asociación o movimiento...

No obstante, como cristianos, cuando hablamos de implicación o, mejor dicho, de participación o compromiso, no hacemos referencia sólo a estas situaciones, sino que nuestra labor social debe abarcar mucho más que una parcela concreta de nuestra vida, debe ser un todo.

Nuestro referente es Jesús de Nazaret. Él nos enseña grandes valores que son los que nos deben acompañar y hemos de emplear para el bien común. Dios nos ha elegido a cada uno de nosotros sin distinción otorgándonos los dones necesarios para alcanzar el Reino de Justicia, Paz y Amor que Jesús nos reveló. Lo que se nos ha entregado gratuitamente podemos ofrecerlo de igual manera.

Nuestra Fe no se puede sustentar sólo en decirnos creyentes y poco más, sino que debe enviarnos al Mundo para transformarlo. Nos debe servir para comprometernos, haciendo posible una sociedad más justa e igualitaria donde tod@s tengamos las mismas oportunidades y derechos. No podemos ser un@ más, debemos marcar la diferencia, haciendo que nuestra vida sea testimonio de Fe y Amor activo al prójimo.

Nuestro modo de ser y actuar en el mundo debe ser el de vivir y trabajar para mejorar la vida de los demás: amar al prójimo como a nosotros mismos, tratar con dignidad a todas las personas porque son humanos como nosotros, no quedar indiferente al sufrimiento y la necesidad; en definitiva, mirar y actuar con el corazón.

Esto supone un gran cambio, empezando por nosotros mismos. Para ello, debemos desprendernos de todo lo que nos aferra a la sociedad capitalista (consumo excesivo, acopio de pertenencias, afán de poder, egoísmo, individualismo...), porque de esa forma contribuiremos al cambio en la vida de los demás, en nuestros ambientes, nuestras familias; cambiaremos así nuestro corazón, nuestra mirada.

Quizá nos surge la duda de preguntarnos: ¿Yo sólo puedo cambiar el mundo? Seguramente No. Pero cualquier cambio profundo empieza por gestos concretos y sencillos, en nuestras pequeñas parcelas de la vida, denunciando situaciones de injusticia en el trabajo, los estudios, a pie de calle. Quizá ayudando a una persona no cambiemos el mundo, pero sí ayudamos a cambiar el mundo de esa persona que a su vez se puede sentir llamada a cambiar el de otra. Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, en lugares pequeños, puede cambiar el mundo -Eduardo Galeano-. Grandes logros de la humanidad, se han conseguido con pequeñas acciones que han revertido en muchos de los derechos y avances que hoy conocemos.

Hoy, miles de personas voluntarias y trabajadoras siguen apostando por lograr un mundo más humano donde primen los valores del Evangelio.

El camino es largo, lleno de piedras, pero eso no debe impedirnos caminar. Cuando tiramos la toalla quizá podemos privar de derechos a muchas personas en el futuro. ¿ Nos podríamos imaginar qué hubiera pasado, si las personas que fueron artífices de muchos de los avances y derechos que hoy conocemos se hubieran echado atrás cuando encontraron oposición? De haber sido así, muchos avances en medicina, ciencia, industria, laborales, ecológicos y humanitarios no existirían.

(Continúa en la página siguiente)

Con todo, sigue habiendo personas marginadas, hambre, guerras, gente sin Hogar, personas sin familias que los visiten y los cuiden, explotación de la naturaleza, laboral,...

Nos necesitan y nosotros también los necesitamos; no podemos vivir aislados de lo que ocurre. Todo lo que a los demás afecta a nosotros también nos está afectando, por mucho que creamos que no es así.

Por todo ello y mucho más, estamos llamados a construir una sociedad más próspera, justa, caritativa y humana para tod@s. Acabamos de celebrar el nacimiento de Jesús, que año tras año se hace vida entre nosotros y nos sigue invitando a comprometernos, a hacer algo por lograr un mundo mejor.

Él se hizo niño en un humilde pesebre en Belén y caminó por la vida transformando corazones y mostrando que el poder más grande nace del Amor. Después de más de 2.000 años seguimos recordándole. Él dejó Huella. Que nos recuerden por dejar una huella de Justicia y Amor como los que Jesús profesó.

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